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martes, 22 de junio de 2021

A JUSTO LUIS RAMOS DE LA FERIA

 



Semejante a la luz de una vela mortecina,
una vez agotada  la cera que la sostiene,
cuyo postrer fulgor impresiona mi retina,
se repliega la vida cuando la aurora viene
tendiendo, de redivivos  recuerdos, un puente
hecho de una luz distinta a todas las demás,
sobre la silenciosa noche resplandeciente,
dejando sus vacíos y oquedades atrás.
Florecen los sentimientos que había escondido
detrás de su porte serio y trabajador,
y   mengua todo aquello que había conseguido;
la ternura aparece sin disimulaciones,
la presencia de sus hijos pide con amor,
sintiendo  cómo lo sofocan las emociones.


Después de un tiempo de descanso, si puede decirse así simplemente por haber estado alejado de este blog, vuelvo a tomarlo incorporando en esta entrada un soneto escrito el mismo día, el 8 de febrero del 2000, en que falleció mi suegro; queda en su memoria. Este poema está incluido en el que es, por ahora, mi último libro, Casa con tres galerías, el número 48 de mis poemarios.

Y, por otra parte, la edición del que será ,mi segundo libro en solitario está ya casi acabada. queda por hacer la que espero sea la última corrección de la tripa y la cubierta. Llevará por título Jirones de niebla. En la próxima entrada trataré del mismo más extensamente.

miércoles, 19 de mayo de 2021

PRESENTACIÓN PÚBLICA DE "LA PIEL DE TODOS LOS BESOS"


¡por fin tendrá lugar la tan esperada presentación al público en general de mi libro La piel de todos los besos!

Ssrá este próximo sábado, a las 20 horas, en La Libro Taberna La Librería, sita en Montequinto, Sevilla, y la presentación correrá a cargo de la actriz Elena Ramos Regife, la cual, a pesar del accidente que sufrió recientemente con rotura de su pierna izquierda, que supuso la consabida operación y que actualmente siga un plan de recuperación bastante exigente, acudirá fiel a su compromiso y al afecto que nos une, cosa que le agradezco profundamente.

Quedan invitados al evento todos los amantes de la poesía.

sábado, 10 de abril de 2021

PRESENTACION DE "LA PIEL DE TODOS LOS BESOS"

 


la piel de todos los besos se publicó en el verano del 2020, pero las circunstancias impuestas por la pandemia que todos hemos sufrido en mayor o menor medida, pero que a todos nos ha afectado, impidieron que se presentase públicamente de una manera digamos oficial.

Pero, en la medida en que las circunstancias van cambiando para mejor, ya es posible hacerlo y, si no ocurre nada que lo impida tendrá lugar el sábado, día 24 del corriente mes de abril del 2021, ¡casi con un año de retraso!Y será  en la Libro Taberna La Librería, de la que más arriba, al comienzo de esta entrada, dejo una imagen con su referencia, a las siete de la tarde, en una charla-coloquio abierta a todos los asistentes para que hagan las preguntas que gusten o lean o comenten algún poema de este poemario.

Además, los que, por cualquier causa no puedan asistir en persona o gusten de hacerlo a distancia, pueden verlo a través de su emisión en directo en la página en faceboock de la LibroTaberna La Librería, que es:

https://www.facebook.com/lalibreriaabaceria/

y ese mismo día, algunas horas más tarde, estará subido a este blog.



domingo, 21 de marzo de 2021

EL MERCADO DE ANGERS

 

Con esta entrada concluyo las tres dedicadas a Angers y al libro dedicado a esta ciudad francesa, no porque el mismo se haya acabado sino porque creo que ya es suficiente. 

En la foto de más arriba, una visión de Angers desde su castillo.

Esta entrada toma su título del propio del poema que voy a compartirles, dedicado al mercado de la ciudad que sus lugareños montan los domingos y donde se ponen a la venta desde alimentos, haciendo hincapié en la gran variedad de quesos de la región del Loira,  hasta ropa.

Veámosla:

Se halla el sol en la cúspide de un cielo
que continúa lloviendo sobre Angers.
sus gentes –compañeras de las aguas-
pasean cadenciosas por el mercado
comprando sus ropas y alimentos.
Se respira sosiego por doquier;
fuera de su sitio, ni una mirada
rompe el trasiego de sus pies y manos.
 
¡Bendito paisaje de convivencia
urbana, con los frutos de la tierra
expuestos a los ojos de un extraño
que entre tanto gozo va diferenciando
los matices que halla en cada mirada
y los colores que muestra cada alma;
y en donde se halla con la diferencia
saliendo de entre tanta indiferencia!

 


Una figura, llena de silencio,
sentada sobre la mojada tierra
que da su firmeza al tronco de un árbol
que en el parque sería menesteroso,
sus cabellos, peinados por los vientos
y la lluvia que empapados los dejan,
y sus ropas –quizás buenas antaño-
perdido habían su ornato a los ojos.
 
¡Sus ojos! ¡Lo único que alzaba
desde las fértiles tierras de Angers,
con las que permanecía en contacto
para que el peso de su condición
tomase tierra para su descarga!
¡Lo único que en aquella mujer
seguía buscando un destinatario
al que inquirir sobre su postración!
 
Pero nadie responde a su llamada,
no les contesta ninguna mirada
ni dejan que ocupe lugar entre ellos:
nada vale su sitio en el paseo,
ningún comerciante lo ha reclamado
ni nadie demanda abierto ese paso,
dejándola estar fuera del paisaje
como si fuera un ruido soportable.
 
Delgada y pálida, ni el sol le presta
su sonrosada nota de color
ni el árbol le brinda cobijo y apoyo,
por si entonces no lo mudan a un parque;
apenas si la sostiene la tierra,
de tan etérea que es su condición.
¿Quién repara en ella, quién en sus ojos
se encuentra con su propia cuestión? ¿Nadie
 
O acaso aquel hombre que no habla solo
tras haber hablado con Dios un día (3)
y ha descubierto que todos los ojos
solo se diferencian en cómo brillan?

La foto incrustada a mitad del poema es la entrada del castillo, el lugar desde donde está tomad la primera foto. y el número tres, situado entre paréntesis casi al final del poema, remite a una anotación que copio literalmente del original: Referencia al poema Retrato de Antonio Machado:

…Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-




 

 


viernes, 12 de marzo de 2021

LA ESCALERA DE JACOB

 

la calle Escalonada que une, allá a lo bajo, el parque del ayuntamiento con, en la imagen situada detrás del fotógrafo, la Catedral, es uno de los lugares típicos para visitar en Angers y a esta calle le dediqué uno de los poemas de A Angers, titulado La escalera de Jacob, el cual consta de tres partes.

I.
Desde la plaza, grande y esplendorosa
manifestación de la vida diaria
en que la existencia adopta la forma
de la amplitud surtidora de agua
en la continuada fuente de la vida,
escoltada por jardines y estatuas,
infantiles zonas para las risas,
kiosco musical y áreas de lectura;
desde la plaza, un logro moderno
construido con respeto de la historia,
la fuente llena de nubes su cielo
y su tierra de colorida flora;
desde la plaza, se alza majestuosa
la realizada escalera de Jacob,
Cada escalón, la espina de una rosa,
ansia curada con dedicación.


II.
Los pies puestos sobre la vida diaria,
andando sobre mis necesidades
(¿quién las ordena y quién las reclama?)
y entre ambos busco hallar otro balance;
los ojos perdidos en lo más alto
donde mi mirada llegar podría;
y mis dedos en las teclas del piano
que interpreta cada uno de mis días.
¡Oh, cuán pobre partitura resuena
por las octavas de mi corazón,
que cada peldaño de esta escalera
abarca un día de mi comprensión!
¡Cuán desbarajuste entre mis dos manos,
cuán estropeada visión de grandeza
cuando miro hacia campos más lejanos
que los que alcanza mi pobre agudeza!



III.
Escala arriba, queda a la derecha
el afamado barrio medieval
en el que fonda buscan mis piernas
cuando solo hay sumisión y no más.
Entre sus casas, muchas se conservan
largos siglos como fueron alzadas,
líneas de arquitectura que se quiebra
según se va subiendo a otra planta,
como un mágico acordeón que interpreta
la sublimación de la humana sustancia.

jueves, 4 de marzo de 2021

DE SEVILLA A ANGERS

 


He estado cuatro o cinco veces en Angers, una ciudad situada en el departamento francés de Maine et Loire, y fue durante la que hice entre el 13 y el 28 de octubre del 2013 cuando escribí este libro, mi poemario número 42. Como suele sucederme que nada más ponerle el punto final mi atención pasó a otra cosa y como si lo olvidase, de sorprendente que me ha parecido cuando hoy lo he vuelto a leer. Tanto ha sido así que voy a tratarlo en varias entradas.

Está compuesto por diez poemas, que son los siguientes: Castillos del Loira, Ese punto donde me encuentro, ¿Qué hago aquí?, En el mercado de Angers, La escalera de Jacob, Línea Dos, Cien años, Ronsard, Perrault y Algo de la tierra de Angers. algunos de ellos, como el primero o el último, está formado por una sola unidad, pero otros por varias.

Hoy voy a compartir con ustedes Ese punto donde me encuentro, un poema comenzado en Sevilla y terminado en Angers y que da idea de qué ideas tenía por entonces en la cabez, y ¿Qué hago aquí?, que viene a ser la respuesta al anterior tema.

ESE PUNTO DONDE ME ENCUENTRO

I.
Ese lejano punto de partida
de todos los itinerarios,
donde comienzan
todas las travesías humanas;
siempre el mismo,
tan proceloso
y tan vacío,
siempre abierto a todos los mares
y a todos los firmamentos,
como unos ojos que miran sin saber lo que buscan,
como una intención inconsciente de sí misma;
siempre el mismo punto de partida,
el mismo horizonte,
los mismos paisajes,
las mismas piedras;
distintos derroteros
para partida y llegada,
siempre en el mismo sitio.
 
            II.
Aquí y ahora,
ese momento
sin sustancia propia
en el que me encuentro,
esa piedra angular
de la dificultad que vivo,
el punto en el que,
aquí y ahora,
parto,
y donde,
conciencia aquilatada,
arribo.

            III.
Alfa y omega,
principio y fin,
siempre en el mismo punto,
comienzo y fin
del itinerario
por los paisajes del alma:
el corazón.

 

 A propósito, la foto con que se abre esta entrada es la fuente situada en la plaza delante del Ayuntamiento de Angers y la que sigue también pertenece a los jardines de esa misma plaza.


¿QUÉ HAGO AQUÍ?

            I.
¿Qué hago aquí, donde las calles de Angers,
Contadas casi fuera de mi mano,
Me dejan sin papel?
Si yo estoy en mis asuntos –otro lado,
Otro tablero-, ¿qué estoy haciendo aquí,
Entre los altos castillos del Loira,
En vez de bajo el sol andalusí?
Días como hoy, todo lo pongo en duda:
Desde el crepúsculo que me designa
A las noches con que me preguntan
Por el nombre que llevo en este día.
¿Qué hago aquí, donde anochece tan pronto
Que parece que el día dura menos
Que el contraste de la luz en mis ojos?
 
            II.
Yo, ¿qué hago aquí, en un día como hoy?
Llueve y la lluvia me limpia las gafas
De los polvorientos rayos de sol
Que en Andalucía llenaban mi alma:
Me hace ver lo distinto
Que guardan la tierra y sus gentes,
Los castillos, las siembras y sus ritmos;
Aunque todo sea igual, es diferente.
Y la lluvia (agua limpia, agua sucia)
Recoge todas esas diferencias,
Dando respuestas a todas las preguntas
Sobre su  grandeur y nuestra pobreza.

             III.
Aunque nadie le preste su atención,
Se renueva el pasado:
Huellas de los dedos de quien lo creó
Miradas de unos ojos que bordaron
Sobre piedra o tejido su visión,
Respuestas que hoy surgen desde el ayer
Hablándonos de sueños y grandezas,
Tierras y gentes laboriosas de Angers
Trabajando bien el presente dejan
Algo propio tras el amanecer:
Castillos transformados en palacios
Y cuentos convertidos en leyendas,
Obras hechas a mano
Yendo tras la belleza.

              IV.
¿Qué hago aquí, si “hoy es siempre todavía”, (1)
Sino vivir las sombras del pasado,
Las que le quitan color a mis días?
¿Qué hago aquí, hacia dónde van mis pasos?
 
            V.
Hoy, fuera del tiempo,
Madura durante la larga noche
De los hijos del tiempo.

            VI.
¿Y yo, qué hago aquí, sino darme cuenta
De que donde me halle todo es igual?
¡Las flores del día son tan hermosas,
Más no guardan ninguna novedad,
Resuena en mis gastados oídos su lengua
Como la melodía más hermosa,
Pero cubriendo las mismas ideas
Que donde me lleve mi caminar!
¿Será que nadie construyó un camino
Que aleje sus pasos de este lugar,
O que bebemos todo el vino
Que conocemos como Humanidad?  

En el poema IV de ¿Qué hago aquí? hay una referencia a una nota situada al final del libro y que copio a continuación: Antonio Machado, Canciones, VIII: “Hoy es siempre todavía”.

martes, 23 de febrero de 2021

RECORDANDO A JUAN DE MAIRENA

 


El 22 de febrero de 1939 falleció Antonio Machado. Acaba de cumplirse su aniversario. Ya le dediqué una entrada, la titulada A Baeza, un poemario dedicado a Antonio Machado, pero hoy no se me aparta de la cabeza su Juan de Mairena, quizás el libro que más profundamente ha calado en mi forma de entender el universo machadiano.

La imagen que abre esta entrada es de la primera edición de esta obra, con un dibujo hecho por el hermano de Machado en el que se le da cuerpo a este personaje apócrifo central de la obra de Machado. En recuerdo tanto de su creador como del maestro Mairena, quisiera comentar más abajo tres de las citas que, cuando hice mi primera lectura, más me impresionaron y siguen llenándome de contenidos.

 La frase con que se abre el capítulo primero del primer libro (son dos) del Mairena es esta:

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón –Conforme.
El porquero –No me convence.

¿Cómo interpretarlo? Veamos un par de opciones dentro del terreno filosófico, aunque haya muchos más:

Una opción, dentro de la filosofía de la historia, es la dialéctica, que cada cual elija la que prefiera, la de Hegel o la de Marx, que aquí las dos son igualmente útiles: Agamenón, símbolo del poder, está de acuerdo con el status quo de la “verdad”, pero su porquero no, porque ve trampa dentro de todo lo establecido y aspira a cambiar ese status.

Otra, más en la filosofía de la lengua, es que el significado de las palabras y, por lo tanto, de la “verdad”, depende de la posición que ocupa cada uno dentro del sistema al que la lengua le da soporte. Si equiparamos la Verdad con Dios, la existencia de cualquiera de ellos –desde la escuela analítica de la filosofía- es tan indemostrable como su no existencia, aunque esta corriente se haya utilizado como ariete del ateísmo filosófico.

 Pero vayamos con otra frase:

-Señor Pérez salga a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.
El alumno escribe lo que se le dicta.
-Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
El alumno, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”.
Mairena – No está mal.

Dejemos aquí a un lado la filosofía, aunque siempre puede tener cabida en Mairena, y quedémonos en la simple poética.

La relación entre el fondo y la forma, entre el qué se dice y el cómo se dice, siempre es importante a la hora de analizar a un autor porque cada uno ha de hacer una elección sobre cuál de los dos es más importante: expresarse con una forma recargada, incluso barroca, como la que por entonces representaba Rubén Darío y su modernismo, o la forma más sencilla y directa que representaba el propio Machado y toda la generación del 98. ¿Hay que expresarse buscando la belleza formal por encima del qué se quiere decir, aún a costa de que el mensaje se desvirtúe o incluso se pierda,  o la mayor belleza reside en lo que, estando bien dicho, es comprensible? Vemos que Mairena opta por lo segundo.

 Y terminemos dentro del terreno de la retórica donde filosofía y poética se dan la mano con la sexta frase dentro del capítulo 1 del primer libro de Mairena:

Señores: la verdad del hombre –habla Mairena a sus alumnos de Retórica- empieza donde acaba su propia tontería. Pero la tontería del hombre es inagotable. Dicho de otro modo: el orador, nace; el poeta se hace con el auxilio de los dioses.

Y aquí, como en tantas citas del maestro Mairena, prefiero guardar silencio y reflexionar…

 


Y, permaneciendo en ese silencio, otras frases:

Los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas son los que no han ido nunca a ninguna parte. Porque ya es mucho ir; volver, ¡nadie ha vuelto!


Que cada cual hable de sí mismo lo mejor que pueda, con esta advertencia a su prójimo: si por casualidad entiende usted algo de lo que digo, puede usted asegurar que yo lo entiendo de otro modo.

Y finalmente, para cerrar, unos versos que Machado atribuye a Mairena y que sirvieron como epitafio a la historia de amor que sostuvo con  la poetisa y dramaturga Pilar de Valderrama, inmortalizada como Guiomar, quizás el mayor amor de Machado, incluso -aunque las comparaciones son odiosas-  por encima de Leonor:

Todo amor es fantasía:
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía,
inventa el amante y más,
la amada. No prueba nada
contra el amor que la amada
no haya existido jamás.

sábado, 20 de febrero de 2021

A BADAJOZ

 


Sigamos con la serie de entradas que estoy dedicando a ese puñado de ciudades a las que les he dedicado algún poemario. La comenzamos con Baeza, un trabajo que realmente estaba dedicado a Antonio Machado, y continuamos con los recientes A Asturias y A Granada. Hoy, Badajoz, el poemario número 41 entre los que llevo escritos. Algún día espero escribir algo sobre Sevilla. 

Se trata de la ciudad que más veces he visitado, debido a que allí viven familiares. Y casi siempre ha sido eso, un reunirnos en familia, salir a comer, visitar de pasada tal o cual sitio, pero sin apenas detenernos a conocerla de verdad. Pero un día, como parte de la visita, nos llevaron a ver la Catedral y fue sorprendente el tesoro que tiene guardado entre sus muros, al igual que otros sitios a los que fui prestando más atención. De todas formas, cabe citar como prueba de la mucha atención que siempre se llevaba la familia el que no tengo ninguna foto de lugares típicos de Badajoz; por eso he abierto esta entrada con una canción que Los Chunguitos le dedicaron.

El  poema que quiero copiar aquí se llama A los pies de la encina y lo escribí en junio de 1999, en pleno viaje desde Sevilla, un viaje que en esa ocasión hice en autobús, y consta de tres partes:

1.
La circular sombra de la encina
parece que se agranda
cuando se llenan de melancolía
los confines de mi alma.
Que Extremadura se desvitaliza
como lo hacen sus hombres,
cuando la seca se lleva la vida
de sus clareados bosques.
Para este mal no encuentran medicina
que refresque sus ramas
ni aunque planten mucha psicología
en sus frondosos montes.
¡Quizás si se sentaran
debajo de la encina
a oír la voz de su alma,
otra cosa sería!
 
2.
Como una hoja,
así es la vida,
                                           como una hoja
desguarnecida,
por los vientos
                                           desgarrada y mecida,
en su descenso,
buscando la ría
                                           de su progreso.
Así es la vida,
Como una hoja
                                           Perenne de encina.
 
3.
¡Quién pudiera!,
abarcar los límites de tu tronco
-callado y quieto como tu corteza-,
sintiendo el suave pliegue del esbozo
que dejan tus raíces en la tierra;
¡quién pudiera!
teñir con sus dedos de verde el cielo,
ramificando la naturaleza
de los esplendorosos sentimientos
que entonan sutiles transparencias;
¡Quién pudiera -¿quién?- ser como la encina!,
firme columna de caudal repleta,
kabalístico árbol de la vida
que añora la unión que antes tuviera…

 

Y si quiero decir la verdad, este poema no formaba parte inicialmente del trabajo, sino que es anterior a él, como un mínimo de cinco años. Lo incorporé más tarde, cuando lo rescaté de algunas hojas perdidas en una carpeta no menos perdida. El poemario original, en sí, consta de seis poemas, el último de los cuales está dedicado a la peste. Porque la peste negra asoló Badajoz, como a toda Europa, en el siglo XIV, y más tarde, en 1599, lo hizo la llamada peste atlántica, que ocasionó una mortandad del 20% de la población. Estos fueron unos sucesos de la historia local que me impresionaron vivamente, de modo que este poema que en seguida copio recrea un tanto la situación que entonces se vivió bajo la peste negra.

El aire se hace pobre,
de desperdicios lleno
que inundan los pulmones
y oscurecen el cielo,
aire lleno de ratas
sobre inmóviles cuerpos,
frío de cucarachas
que se llevan sus alientos.
La peste de las calles
llega a los aposentos,
la peste negra se hace
dejando olor a muerte.
 
Las gentes viven en estrechas calles,
la miseria como mesa camilla
en que cada uno de sus cosas sabe
dónde comienzan y dónde terminan.
Con una sobre otra necesidad,
comida y basura juntas se guardan
con los excrementos que da un jornal
de quienes ni tienen hoy ni mañana.
-¡Es la peste, tiene la peste negra!,
una voz se abre paso y se oye su eco
cabalgando veloz de oreja en lengua,
-¡es la peste, que alguien prenda un fuego!,
se corre la voz de esquina en esquina
a impulsos del calor del frío miedo
y cuatro fuegos en las cuatro esquinas
avientan sus miserias y sus muertos.
 
El aire se hace pobre,
lleno de humo y miserias
que ensucian los pulmones
y ojos y manos cierra:
ya no quedan más ratas
escalando los cuerpos
ni quedan cucarachas
negras como el frío viento.
Las calles y las plazas
se han quedado desiertas
y el humo, de fantasmas,
la imaginación llena.

viernes, 12 de febrero de 2021

A GRANADA

 


Tras un fin de semana en Granada, era septiembre del 2010,  una visita muy rápida, pero ciertamente muy llena de encanto, escribí los ocho poemas que dan cuerpo a mi poemario número 31, bajo el inevitable título A Granada, una ciudad llena de contrastes tan evidentes como el tener a pocos kilómetros la playa y la nieve, pero también en una historia  que le ha dejado la rica herencia de todo el complejo que forma el conjunto de su Alambra.

Decir Granada es decir el último vestigio árabe que quedaba en España, tan pletórico de belleza en sus líneas como las de este trozo del techo de la alambre que fotografié con vistas a una futura publicación.


De los ocho poemas de esta obra, he escogido dos, los que respectivamente la abren y la cierran.

En el primero expreso mi deseo de vivir el espíritu de Granada, ese espíritu que en el Generalife se concentra, pero que se puede encontrar escondido en cada uno de típicos lugares:

La Alambra da su fruto por Granada:
todas sus calles guardan su sabor,
ese que se concentra en cada plaza
como el jugo de los rayos del sol
tamizados en la arábiga belleza
que al trasluz deja entrever los misterios
eternos de nuestra naturaleza,
trazando un Generalife sobre el suelo
de las verdes ilusiones humanas.
Recorriendo tus jardines, los comparto;
sumiéndome en ti, los vivo, Granada,
como si más cosa no hubiera amado.




A partir del segundo, me recreo en ese espíritu donde se condensa la mezcla de lo árabe con lo judío y lo cristiano, para terminar en el último de los ocho reclamando vivir veinticuatro horas en la intensidad de esta tierra, veinticuatro horas de plenitud:

Veinticuatro horas, solo veinticuatro.
Si pudiera pasar un día en Granada,
siendo arte y parte de sus mil encantos,
diseñar los recovecos de una plaza,
aquella en la que se rozan dos manos
y luego los ojos y detrás el resto,
y perderme entre tus cien aposentos,
a la crepitante luz de tu fuego;
si pudiera amanecer en la Alambra,
veinticuatro horas en rojo vividas
como gota tras gota cae el agua,
llevándose toda cordura y vida…
Tendría reunida toda la experiencia
que en sumar tantos años he tardado
en tan solo veinticuatro horas plenas,
y cada efecto me sería mostrado. 

sábado, 30 de enero de 2021

A ASTURIAS


 Uno de esos viajes que tan vivamente me impresionaron fue el que hicimos a Asturias, una tierra llena de colores y de matices y con todos estos recuerdos doy comienzo a una serie de entradas dedicadas a esos sitios maravillosos de los que he podido disfrutar durante esos viajes.

A Asturias en mi poemario número 22 y lo escribí en el otoño del 2009, tras una semana recorriendo sitios tan hermosos como Oviedo, Gijón, Luarca, Cudillero, Avilés, Cangas de Onís, el Parque Nacional de los Picos de Europa, etc.

Y en cualquier sitio, como mientras tomaba un café, o en cualquier momento perdido, escribía algunos versos sobre lo que estaba viviendo. Y después, ya de  regreso a casa, los revisé, corregí y añadí nuevos temas. 


Son muchas las poblaciones donde te puedes encontrar, como en la foto situada junto a estas líneas, las casas pegadas al mar,  ¡hasta tal punto su economía y su vida dependían de él!

Oviedo, la capital del Principado, situada tierra adentro, es una ciudad que tanto me gustó que haría en ella una parada bien larga, quizás la más larga de mi vida. encontrarme por aquí y por allí estaturas negras de sus personajes populares me maravilló y alguna que otra foto me hice junto a ellos; y les dediqué también algunos poemas.

Pero vayamos por partes. Comienza el poemario con dos temas generales; Asturias y Asturias negra, tras los cuales viene Oviedo, con un total de 8 poemas bajo ese título, los cuatro primeros dan entrada a la temática ovetense y los cuatro restantes recuerdan cuatro de esas estatuas; y después, sin salir de Oviedo y siguiendo con estos personajes inmortalizados en sus calles y plazas, La sonrisa de la lechera, que consta de tres.

Del primer grupo, les dejo las número cinco y ocho.

Cerca de Campoamor,
vive la Pensadora.
sentada a pleno sol,
Se pasa horas y horas;
no le importa si llueve
o si de noche se hace,
que ella sigue siempre
sentada en plena calle.
¿En que estará pensando
que nada la distrae
ni aunque pase a su lado,
buscando ideas, Woody Allen?


Lectora caminante
que vive repasando
las páginas con arte
de los libro pausados
que lee a todas las horas,
compartiendo quehaceres,
la aplicada lectora
de Unamuno y de Verne.




A Luarca le hice dos temas. El primero a ese cementerio que tiene en ese tajo con que la tierra termina junto al mar, recogido en la foto junto a estas líneas, y el segundo a ese puente inmortalizado con una leyenda, El puente del beso, con el que cierro esta entrada:

¡Qué largo se os hizo cruzar el puente
y qué corto vuestro beso,
que llenó de susurros todo el puente
para tomaros presos!

¡Ay, princesa de tierras asturianas
que aguardaste paciente
sin reparar en cortejos ni galas,
tomar al delincuente
y hacerle en las celdas del torreón preso
sin pagarle ni un beso!

¡Ay, temido pirata de alta mar,
vencedor de soldados,
tan preso fuiste de su gran beldad
que caíste enamorado
sin que te hubiera dado en su pañuelo
siquiera un solo beso!

¡Ay, dolor de mi amor, por mi robaste
al guarda del torreón
la solitaria cadena de llaves
que da vida al amor;
corramos juntos y libres al puerto,
pero antes dame un beso!

¡Ay, amor de mi dolor, a ti me entrego
en medio de esta huida,
en tus brazos me entrego con un beso
que de alas a mi vida,
con un beso que inmortalice al puente
do tuya quiero hacerme!

¡Qué largo se os hizo cruzar el puente
y qué corto vuestro beso,
se llenó de soldados todo el puente
para tomaros presos,
ay, el beso que da alas a la vida
Quedó en mortal herida!

sábado, 23 de enero de 2021

PASADOS DE MI VIDA MENOS DÍAS QUE NOCHES

 


Hoy quiero y necesito dedicarle esta entrada a mi madre.  Con los dos primeros versos del poema situado más abajo como título, repaso una relación llena de claroscuros y matices, que ha ido discurriendo desde la lejanía hasta la tierna cercanía de la que hoy gozamos.

Pasados de mi vida
menos días que noches,
bajo, del mismo sol, la luz sombría
en que he convertido mis emociones,
a estas pobres alturas peñascosas
por las que me empeño en trazar mi senda,
-rocas que ocultan rocas,
tropiezos que me esperan-,
hora es de mirar atrás en mi vida
y tomar jugo de mi reflexión:
no es solo un álbum de fotografías
lo que hay en mi zurrón,
es mucho más y debo rescatarlo
si quiero que esta vida
hoy me sirva para algo
y que un mañana al presente le siga...

Este poema e el inicial o temático de mi poemario número 21 titulado A esta altura de la vida, escrito en 2009 ó 2010, y que consta, tras esta apertura, de tres partes: la primera, A mi madre; la segunda le da su nombre al poemario y la tercera, Mi agradecimiento.

la primera parte comienza con un poema breve, siendo el resto de la misma como su continuación, paso a copiarlo:

¿Quién me devolverá
lo que no pude vivir,
quién me rescatará
de las sombras que absorbí?

los últimos versos que le he escrito y muy recientes, ya fuera de este libro, son los siguientes:

Algunas veces me duele la vida
por lo mucho que  invertí en depreciarla.
Madre, en esta larga noche
que ni tiene puertas ni ventanas
y por la que discurre el tren de mis años,
quiero  rescatarte de ese  gris silencio
con que se viste el olvido
de los besos, los abrazos
y las llamadas que no nos hicimos
para felicitarnos en los días gozosos
o para acompañarnos en los aciagos…
Hoy me duele esa vida,
por toda la sangre con que escribí
tantos renglones de infantil rencor,
tanta culpa y tantos miedos
sobre el papel de la ignorancia;
hoy quiero recordar y perdonar,
aceptarte y quererte como eres,
mi madre, única y especial para mí.





viernes, 15 de enero de 2021

DESPEDIDA

 


El poemario número 17 que escribí entre noviembre del 2007 y febrero del 2008 lleva por título Tres momentos y un entonces. Se trata de un trabajo dividido en tres partes, de las cuales comparto más abajo la última de ellas.

La primera parte lleva por título Entonces sucede, la segunda Tres momentos y la tercera Despedida.

 este poemario no les resultará desconocido a quienes me hayan seguido con cierta frecuencia, ya que les he compartido algún poema del mismo.

Vamos  con esa tercera parte:

¿Cómo podría decirte, sin una palabra
Que llene con mis crepúsculos ese momento,
Cómo decirte, apenas con una mirada
Que, aunque el sol se fue, las nubes llenaron mi tiempo,
Cómo decirte, si solo queda una palabra
Que mil veces repetida nunca será un puente
En el que se encuentren, sin soslayo, dos miradas,
Cómo decirte que ya pasó nuestro presente?

***

Pasan los días
Llenos de quehaceres,
Con sus idas y venidas,
Y su luz languidece,
Y pasan los años,
Marchitos, desnudos,
Haciendo que mis quebrantos
Ahora sean tuyos. 

*** 

¿Dónde quedaron
Los inertes cabellos
Que sobre el lago
De los sueños
Me cortaron
los arrugados dedos
De los años? 

***

Con una palabra,
Una,
Medida y calibrada,
¡Una!,
Una palabra
Que no puede llenar
Una jornada
Mirando al mar,
Una palabra,
Que deja vacía
El alma,
Inerte, sin vida
Los brazos
Que ayer
Alzaron
Por última vez
El barco
Del Mediodía
Anclado
A la orilla,
Una palabra,
Su eco perdido,
Tan plana
Para el olvido
En alta mar
Como una espalda
Que se va
Siempre de espaldas…

 




lunes, 4 de enero de 2021

¡CUÁNTOS LOGROS POR ALCANZAR!

 



Ya he compartido algunos poemas dedicados a mi esposa. Lo hice primero en la entrada Tres poemas a mi esposa y luego, hace tan solo tres entradas, en Algo distinto, en el que recogía algunos temas del poemario Cuatro paisajes y otros poemas. Esta última entrada la acababa citando otros dos poemas con los que concluía ese libro que le estaban  dedicados. 

Hoy deseo terminar mi recorrido por ese poemario recordando esos dos temas. El primero, titulado  ¡cómo me gustaría! es el siguiente:

¡Cómo me gustaría
que el negro firmamento
se cuajase de flores,
porque todas tendrían
su sitio y su momento,
su aroma y sus acordes,
y la lluvia caería
l aire fresco
de frutales sabores!

¡Cómo me gustaría
que por todos los cielos
se leyese tu nombre!

El segundo, que da título a esta entrada, es ¡cuántos logros por alcanzar! y dice así:

¡Cuántas cosas yo quisiera decirte, amor,
cuántas flores están brotando esta primavera,
cuántos temas nos está cantando el ruiseñor
y cuántas esperanzas guardan turno de espera!
Decirte que te quiero sería poca cosa,
porque tus eres, amor, cuanto amor yo siento
danzando por mis venas como una mariposa,
porque eres el rojo rosal de mi sentimiento,
aromáticas espinas de mi corazón
exhalando por mis poros la sangre que clama

Y con esta entrada acabo mi recorrido por este poemario.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

FELICES FIESTAS DE NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2021



 Que este año 2020 quede atrás. con todo lo que ha supuesto en contra de la salud pública en todo el planeta y con todos los problemas socio-económicos que ha supuesto para todos sus habitantes, nosotros, todos nosotros, vivamos donde vivamos lo hemos padecido. Que este año quede atrás y, a ser posible, en el olvido.

Y que el año entrante venga cargado de todo lo que el saliente nos quitó, toda ese equilibrio físico y mental que nos puso en juego y toda esa estabilidad en nuestras relaciones amistosas,sociales, económicas... Que lo perdido regrese con las campanas del nuevo año. 

Pero especialmente para esos héroes de los servicios sanitarios que tan maltratados han sido en su trabajo mientras daban todo su esfuerzo por mantenernos a salvo, a todos los servicios públicos que se han desvivido por darnos vida, a los mayores, una edad que comenzó siendo víctima directa de la enfermedad... y así a todos los ciudadanos de este planeta llamado Tierra.

viernes, 18 de diciembre de 2020

DOS RETRATOS Y DOS CUADROS

 


En un comentario que dejé a la entrada anterior, hablaba de que Arco de Cuchilleros ocupa el tercer lugar dentro de la serie Siete cuadros y retratos y que éstos son unos poemas rescatados del olvido e incluidos dentro de Aromas nocturnos. Pues bien, como terminaba diciendo en ese comentario, hoy toca recordar algunos de esos cuadros y retratos.

los títulos de los siete son los siguientes: Anónimo retrato con palillo de dientes, Antónimo retrato espumoso, Arco de Cuchilleros, Olas de la playa, La luz de la farola, Plaza de toros y Trapecistas. Y cada uno de ellos responde a un estilo pictórico distinto, pues hay desde el realista hasta el impresionista, desde el que se limita a narrar lo observado hasta el que proyecta algo de su estado interno en el objeto externo observado. En todo caso le dan a Aromas nocturnos algo que después se expresaría más nítidamente en Cuatro paisajes y otros poemas: mi gusto por expresar pictóricamente mi estado interior.

Veamos algunos de estos cuadros y retratos:


ANÓNIMO RETRATO  CON PALILLO DE DIENTES

Un viejo, echado sobre una mesa,
cuenta con vahídos de borrachera
su embriagadora vida displicente,
neblina dibujada con palillo.
Maestrante catador de malos vinos
escurridos entre dispersos dientes.
Por los que una aceituna se cae
sin que adivinarse pueda a qué sabe
ni el color de ese palillo de dientes
que se empeña en llevarse el retrato
en vez de funámbulo propietario.

 

ANTÓNIMO RETRATO ESPUMOSO

Levanta la copa, brindis al sol,
hablando de su celebrado amor
que reparte y comparte destellos
burbujeantes de su gran corazón,
con sus altos, verborreantes anhelos,
mientras que ella su liviano silencio
sostiene sobre su falda plisada
de espumosa negativa callada…
Hasta que, rotas transparentes copas,
chismeante cava rosado se agota.

 LA LUZ DE LA FAROLA

La luz de la farola
el viento se la lleva
entre diáfanas olas
de lloviznas dispersas;
 
la luz de la farola,
la luna piropea
entre neblinas mozas
de piernas ligeras;
 
la luz de la farola,
la nieve la apedrea
con las blancas corolas
de floridas esferas.

 TRAPECISTAS

Trapecistas en el aire,

con sus vidas en vilo,

buscando un punto de amarre

en el cóncavo infinito.

 


ALGO DISTINTO

 


Entre abril y mayo del año 2002 escribí mi décimo poemario, Cuatro paisajes y otros poemas, una obra en la que recurría a los paisajes para dejar testimonio de mi estado anímico.

la obra comienza con Un trozo de nada, cuyo título ya es bastante descriptivo del momento que estaba viviendo, y a continuación viene el tema Invierno, que aquí les dejo:

La tierra está desnuda,
sin una hoja de verdor,
un pétalo de color
ni una azada de labor,
nada
puede verse
que presagie su despertar.
Le falta una mano
que la ablande,
que la germine,
que la mantenga cuidada
para que la vida
vuelva a brotar de nuevo...
 
Así son estos días
en los que mi piel
echa en falta
los cuidados
de unas manos atentas
a que mis ojos tengan el brillo
que es suyo,
a que mis pies hallen el recorrido
que es mi orientación
y que mis cabellos tengan la soltura
de la obra acabada.
 
Así son,
lo sé;
pero no me acostumbro
a esta soledad.

Después, van los temas, Babel, Vacío, Marina con gaviotas, Luna y Gris, que a continuación comparto con ustedes:

El sol, camuflado de rojo,
se inventaba un disfraz
de enfermiza palidez
cubriéndose de  grises nubes,
a las que los inquietos aires
les exprimían sus tibias aguas,
dejándolas caer mansamente.

 

            Mi corazón, dolorido,
            sangrantes mis heridas,
            con el tacto perdido
            y quebrada mi vista,

 

Las humildes arenas,
besando mis pies, sopesaban mi cuerpo
y modelaban mi ánimo,
dejando sobre mi piel el testimonio
de mi quebradizo andar.

 

            busco la complacencia
            y me encuentro engañado
            por la misma ceguera
            que me mantiene atado

 

Con los ojos semicerrados,
siguiendo las ondulaciones de las olas,
me coagulaba entre las dos humedades
y habitaba en la inferior,
en el caballo de galope ligero
que va dejando tras si la estela blanca
del anguloso rompeolas,

 

            a la imagen soñada
            y esculpida en barro,
            imagen adorada
            durante siete años.

 

Porque ansiaba conocer los inagotables secretos
de la enroscada caracola,
el código morse de las confabuladas estrellas
y el sabor de la fresa
y el color de la rosa,
que se funden en la fruta madura...

 

            ¿Para qué tanto dolor,
            para qué sirven mis callos,
            dónde nace la tensión
            que ensortija mis manos?

y el libro continúa con  Algo distinto, que fue el primer tema que le dediqué a mi esposa, escrito apenas la conocí:

Este día ha sido distinto
a todos los demás;
no sé qué es,
quizás un sabor
como el chocolate
derritiéndose en la boca
que sonríe
reflejada en unos ojos,
rescatando del otoño
una hoja del almanaque,
o un olor
como la tierra fresca
lista para la siembra,
exhalando a los aires
sus húmedos efluvios,
algo
que se pone a toquetear
en las teclas del piano
de las emociones,
no sé...
Pero hoy lo he sentido
recorrer mi piel
con paso de hormiga,
erizarme los vellos
y, aunque hacía calor,
dejarme temblando.
¿Qué era
ese algo distinto
que ha tenido este día?

y finaliza con Negro,  Mis ojos, Tus huellas, ¡Cómo me gustaría! y  ¡Cuántos logros por alcanzar!, estos tres últimos igualmente dedicados a mi esposa, con la diferencia respecto al que antes les compartía de que ya si sabía a quién le estaba escribiendo y por qué.



sábado, 12 de diciembre de 2020

ARCO DE CUCHILLEROS

 


El Arco de Cuchilleros es una de las entradas más afamada a la Plaza Mayor de Madrid. Durante los años que pasé allá, mis viejos tiempos de estudiante, recorrí esa calle muchos días, unas veces camino de la Estación de Atocha, otras de la Puerta del Sol, otras... siempre partiendo desde donde me alojaba, en la Calle Marqués de Urquijo, junto al metro Princesa.

Muchos pintores se han fijado en este arco y uno de esos cuadros, de estilo naif y que abre esta entrada, ha estado muchos años ocupando un rincón de mi salón. Y durante todo ese tiempo me ha traído a la memoria tantas cosas en las que participé o que me pasaron por aquellos entonces... y en él me inspiré para hacer una poesía que también estuvo muchos años olvidada, perdida entre tantas papeles desordenados, pero felizmente recuperada e incluida en un poemario, el sexto que escribí, sin más razón que su tema se prestaba a ser incluido en una obra de temática tan amplia como la recogida en Aromas nocturnos.

Dice así este poema:


De cansada arquitectura cimbreada,
se ha quedado en mi memoria fijada
la casa prodigiosa,
líneas esplendorosas,
que da entrada a la Plaza Mayor.
Allanado  clamor
de tunos oficiantes
de alguna ocurrencia festejada
entre los variables representantes
del castizo humor.
La cada, que simula estar sentada
a la mesa camilla
que le regala gentil la escalera,
soporta balcones y ventanillas,
florecientes macetas,
gatunas desconchadas buhardillas
y curiosa chimenea mugrienta.
Las ventanas, cerradas,
No hay ropa tendida…
Como si el cansancio apadrinara
las labores cansinas
que, sobre el alto Arco de Cuchilleros,
realizan los hambrientos,
cansados madrileños,
untando con hogareña mantequilla,
de la pared sesgada,
su tostada levadura de sueños.


jjjjjjjj

 bbff

viernes, 4 de diciembre de 2020

LA ISLA DE LOS MUERTOS

 

 En una entrada anterior, titulada La influencia de Bécquer, comencé a hablar de hasta qué punto este autor me influyó allá en mi adolescencia y juventud, cuando escribí mi primer libro, Mirando adentro, bajo la temática amorosa, y hoy quiero seguir haciéndolo acerca de cómo su influencia bajo la segunda gran temática del romanticismo, la muerte, ha seguido muchos años después. Decía en aquella entrada citada al comienzo:

 “Cuando se habla de Bécquer, el principal poeta del romanticismo español, la atención se suele centrar en esta temática, la cual en aquellos años fue muy importante para mí. Pero no menos lo ha sido el otro tema capital en la producción literaria becqueriana, la muerte, un tema al que he dedicado dos libros completos y otros muchos poemas sueltos, con lo que, a la postre, ha tenido en mí mayor trascendencia que aquél.”

 Hoy quiero centrarme en un libro, mi poemario número 43, un libro con una historia no sé si larga o corta, quizás según nos fijemos en todo lo previo a su escritura o en su mera concepción. Este poemario se titula Dies irae y lo escribí entre noviembre del 2012 y enero del 2013, una obra debida directamente al fuerte impacto que habían producido en mí dos obras, un grabado, La isla de la muerte, recogido como apertura de esta entrada, de Arnold Böcklin (1806) y un Poema Sinfónico (Opus 29) de Rachmaninov, cada uno de ellos previamente en un momento distinto y en aquel noviembre juntas. Pero es que, además, Böcklin había estado bajo la influencia de un monje franciscano, Tomás de Celano (XIII) y de su poema Dies Irae.

 Si guardo un orden cronológico, Tomás de Celano, coetáneo de S. Francisco de Asís y autor de sus dos primeras biografías, escribió también un poema considerado el mejor del latín medieval,  del que copio sus primeros versos:

 El día de la ira, ese día 

el mundo se reducirá a cenizas,

según atestiguan David y la Sibila.

 

¡Cuán enorme temor sobrevendrá

cuando el Juez haga acto de presencia

para juzgarlo todo con rigor!

 Un poema que impresionó vivamente a Böcklin, tanto como para que hiciera varias versiones del tema, algunas de las cuales se han perdido, unos grabados que plasman la imagen que transmite el poema: una isla hacia la que navega Caronte, llevando a bordo de su barca a un difunto. Y Rachamaninov construye todo su relato sinfónico alrededor de los chapoteos del remo sobre el agua. A continuación les invito a que disfruten de la interpretación de esta obra por la Simón Bolívar Symphony bajo la dirección de Manuel López-Gómez.


 Mi Poema sinfónico opus 43 Dies Irae comienza con esta estrofa en la que se mezclan todos los temas que desarrollaron Celano, Blöcklin y Rachamaninov:

 Cinco sonidos, dies irae,
Sus ecos llegan, dies illa,
A los pies de aquel que mira
Los siglos hechos cenizas.

 Y después vienen las cinco partes en que está dividida esta obra. Vamos a recorrer las estrofas iniciales de todas ellas. La primera, la lucha frente a la agonía, dice así:

 La bruma todo lo llena:
Hasta mi propia conciencia
De esta bruma parece hecha.
Lo que antes como certeza
Tenía, en bruma queda
Y en ella como inconsciencia.

 La segunda, la certeza de la muerte, lo hace con estos versos:

 Cinco sonidos son cuanto yo siento,
Cinco sonidos que recordar quiero
Dentro de la mortaja que es mi cuerpo,
Pues, si vida tuve, tendré recuerdos:
Se quedaron en cenizas mis tiempos.
Pero yo, si viví algo verdadero,
Algo que no se llevasen los vientos
Sino que yo lo soy, como un lucero
Brillará dentro de mis ojos yertos.

 La tercera, el camino hacia la Isla, comienza así:

 Cinco sonidos para un movimiento:
Mis pies sienten el frío en que me muevo,
Cinco sonidos, cinco chapoteos
Me muestren delante de mí al barquero,
Con cinco golpes llevándome lejos,
Lejos de la vida, lejos del cuerpo,
Cinco sonidos para un movimiento:
La barca que se mece en el silencio
Y en la bruma deja su chapoteo.
Perdidos los abalorios del tiempo.

 En la cuarta, el diálogo del difunto con la muerte, comienza con estas líneas:

Blanca bajo tonos grises, la veo,
Larga túnica cubre al barquero.
A través de la bruma y sobre el velo
De profundas aguas hunde su remo,
Repitiendo los cinco movimientos,
Cinco sonidos que alzan alas de eco.
Las gaviotas responden desde el cielo
Y todas las voces dejan su verbo;
Solo yo permanezco fuera: quieto.

 Y en la quinta, la llegada a la Isla:

 De mis quietos pies cesa el movimiento:
Queda atrás la bruma sin que haya viento
Y delante de mí no hay barquero.
Mis pies en el agua, cesa el cimbreo,
Mis pasos no dejan huella en el suelo,
Playa agosta que da a un canino estrecho
Que sube, la oscuridad como techo.
Doy desorientados pasos inciertos,
Dentro de mis ojos, la bruma llevo.

La obra de Rachmaninov concluye con un estallido de vida; la mía, siguiéndola, acaba con esta estrofa:

Cada gota de agua alumbra un lucero
con los que se dibuja el planisferio
cuyas calles llenaré con mi aliento;
cada gota es un pez, alas al viento,
cada gota, un dorado sentimiento
que busca llenar todo un pensamiento,
las manos repartiendo azules cielos,
las ventanas abiertas a los sueños
que llenan de arena el reloj del tiempo.


Don Luis de Góngora y Argote

  Dentro del siglo de Oro de la literatura española, quizás sea Góngora el más dejado de laado o incluso desconocido. la Generación del 27 l...